Entre gritos, bombas y piedras
1/25/2006
Por Sebastián Mantilla Baca

Son como las doce. Poco a poco se han ido agolpando cientos de estudiantes en las calles adyacentes de la Plaza de la Independencia.

La policía vigila detrás de las vallas. Muy cerca de las calles Venezuela y Chile, un grupo de jóvenes se acercan en tono desafiante ante el cerco policial. Uno de ellos se hinca en el piso. Con gesto de ira, saca el pecho, levanta la mirada y grita con fuerza: “Ven, ven si eres hombre. Chapas hijos de…”. Se levanta, corre unos pasos y lanza con violencia una bomba molotov la cual se estrella contra el pavimento a pocos metros de las fuerzas del orden. Ésta podría ser la descripción de una de las tantas jornadas de protesta que ocurren a diario en varios sitios de la capital.

Negocios y predios públicos afectados por la escalada de violencia. ¿Qué es lo que está ocurriendo?  Según varios medios de comunicación, gran parte de las manifestaciones se ha debido a cuatro factores: el carné estudiantil, la posible alza de los pasajes, la firma del TLC y el contrato de la OXY. A varios de los estudiantes se les ha preguntado qué significa el TLC o en qué consiste el polémico contrato de la OXY con el Estado Ecuatoriano y, muchos de ellos, no han sabido qué responder. 

Entonces, ¿es todo esto fruto de incitadores profesionales y profesores politizados que han empujado a los estudiantes hacia las calles? ¿Por qué estas protestas han degenerado en vandalismo y en agresión contra la propiedad? ¿Cómo pueden los mismos estudiantes poner en riesgo su vida ante el peligro que implica enfrentar a la fuerza pública?

Creo que las respuestas son más complejas de lo que parecen. Quiero hacer un esfuerzo por ir más allá del simple diagnóstico. Y es que no creo que una acción de protesta pueda ser explicada solamente por el papel que cumplen incitadores o, por ejemplo, como resultado del conocimiento racional del porqué uno debe movilizarse. Según ciertos estudiosos, la protesta encuentra sentido en el mismo acto violento.

Para Calhoum, en cambio, participar en una acción colectiva significa construir, legitimar o expresar una identidad, antes que perseguir una estrategia más instrumental. Y para otros, como Bourdieu, los actores tienen en estas acciones ‘una oportunidad excepcional de dar testimonio, de hacerse oír, de transferir sus experiencias de la esfera de lo privado a la esfera de lo público’.

Aunque muchos no tengan una idea clara de por qué mismo protestan, las bullas han sido un motivo para hacerse escuchar, expresar y afirmar una identidad o, posiblemente, para divertirse  y encontrar sentido en el mismo acto violento.  No creo que las acciones de protesta sean lo que usualmente escuchamos.

Los gritos, bombas y piedras son condenables cuando atentan contra la propiedad y degeneran en violencia, pero, en muchos casos, se han convertido en medios no sólo para demostrar el descontento popular ante un Estado indolente y corrupto: son disputas   a través de las cuales se tejen solidaridades, legitimidad e identidad.
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